La Realidad de la Imagen y la Imagen de la Realidad.
Antonio Grandío Botella
Rosana Peris Pichastor

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Casi todo lo que hacemos y pensamos está basado en imágenes y en símbolos. Estos modelan nuestra experiencia dotando de significado a cuanto vivimos y suelen ser elaborados en función de nuestra relación con el entorno. Tanto es así que, muchas veces, cuando no podemos hacernos una imagen acerca de algo o de alguien mostramos ansiedad y tenemos que interpretarlo y guardarlo en nuestro cerebro dentro de la casilla de las cosas "potencialmente peligrosas".

Para algunos científicos existen ciertas imágenes y símbolos que son comunes a toda la humanidad. Así, lo desconocido suele representarse de color negro, porque la oscuridad de la noche impide percibir imágenes y esta ausencia de imágenes suele ser amenazante para casi todas la especies vivientes. Sin embargo, también la noche se asocia al silencio y, en ella, cualquier sonido que lo rompa es percibido con extrema nitidez y fidelidad. Esta es una de las razones que hacen que casi todos los electrodomésticos ligados a la imagen y el sonido (televisores, magnetoscopios, vídeo-cámaras, etc.), sean de color negro, mientras que los no relacionados directa o indirectamente con estos dos aspectos sean blancos (neveras, lavadoras, batidoras, etc.). Los primeros están referidos esencialmente a los dos sentidos más desarrollados del ser humano: la vista y el oído, mientras que los segundos a los tres restantes: el gusto, el olfato y el tacto.

Una fotografía de un ser querido puede llegar a ser más gratificante que su presencia física. Asimismo, los expertos en publicidad y en comunicación saben cuán importante es la imagen: para ellos nuestras actitudes, creencias y valores son, sobre todo, un conjunto de imágenes y símbolos. Una buena publicidad consiste en asociar imágenes simbólicas representativas de ciertos valores para la sociedad (banderas, formas de vestir, música, lugares de reunión, paisajes, etc) a otras imágenes relacionadas con la compra de un producto, la emisión de un voto o la creación de una corriente de opinión determinada. Y estas imágenes, combinadas con mayor o menor acierto, son puestas delante de nosotros por medio de los periódicos, revistas, la radio y, sobre todo, la televisión para que surtan los efectos oportunos.

Finalmente vivimos, gracias a las imágenes del cine, un conjunto de experiencias deseadas pero que no hemos podido experimentar realmente, quizás prohibidas por nuestras propias imágenes interiores. Pensemos en películas como "9 semanas y media" o en los interminables y controvertidos "culebrones" que tanta audiencia cosechan. Los personajes viven en nosotros y nosotros en ellos, de manera que las imágenes suplen, y en muchos casos superan con creces, la intensidad y el contenido de nuestras experiencias cotidianas.

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