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Jorge Pitarch Rochera nació en Castellón hace 40 años. Pintor independiente y autodidacta, desde niño destacó tanto por sus aptitudes como por su profunda inquietud hacia las actividades plásticas y artísticas, especialmente el dibujo.

Su viaje en pos de cuanto ocultan las formas externas no conoce el descanso. Una intensa insatisfacción interior le ha hecho transformarse constantemente y su obra refleja fielmente una evolución acostumbrada ya a un incansable peregrinar por un mundo donde la forma, la luz y la veloz emoción del instante se conjuran secretamente tras los trazos cortos y enérgicos, la visión penetrante y la sorprendente cualidad reveladora de su obra. Tras contemplarla, podríamos encontrar tres rasgos definitorios de la esencia de este artista mediterráneo: tránsito complejo, intensa vehemencia e insatisfacción perenne.

Tránsito complejo porque, tras cada sendero o tendencia recorridos, quedan unas bien diferenciadas temáticas, estilos y técnicas cuya influencia, aunque siempre implícita en la innegable maduración artística que preside esta obra, no parece manifestarse a simple vista en las posteriores etapas, las cuales emergen más bien como nuevas revelaciones estéticas incontaminadas.

Intensa vehemencia porque sólo una gran sensibilidad y pasión pueden crear la exquisita delicadeza con la que las luces y las sombras de árboles, hojas, caminos, casas rurales, puentes, laderas, montañas, parecen brotar naturalmente desde el fondo de las telas con su propia identidad, movimiento e idiosincrasia.

Finalmente, insatisfacción perenne porque ningún camino o sendero es capaz de servirle de hogar creativo permanente. La velocidad con que el instante vivido se convierte en recuerdo moribundo hacen que, de madrugada, la llama del eterno descontento le levanten y le hagan partir hacia nuevas vivencias, estilos y técnicas.

Jorge Pitarch ha experimentado con numerosas y variadas técnicas para plasmar su percepción estética, y en todas ellas ha ofrecido una muestra para el público. Inició su andadura con el dibujo y su perfeccionamiento para continuar con el pirograbado. Le siguió el óleo, el cual representó su primer contacto con el color. Fue, sin embargo, el acrílico la técnica que le hizo transitar desde la relativa sencillez de la esfera figurativa hacia la complejidad dimensional del surrealismo. Este surrealismo está presente de modo sutil pero con una fuerza inusitada en la siguiente etapa, una de las más significativas y cuidadas, ligada al paisaje mediterráneo, en la que equilibra sorprendentemente la subjetividad personal con la figuración objetiva, y del cual llegó a completar una colección. En ella, cabe destacar la intensa fuerza de la fugacidad del instante y de la luz en movimiento.

En la actualidad está preparando una nueva colección basada en una técnica al temple de elaboración propia, pinturas sobre tabla de mediano y gran formato y sobre papel en pequeño. Son pinturas que maduran la etapa anterior y que transmiten la tensión entre la objetividad y la abstracción subjetiva, una experiencia única que cabría calificar como un surrealismo figurativo y abstracto a la vez. En todos ellos existen temas reiterados en los que se deja entrever el juego dialéctico de estos polos creativos: paisajes con tapias, puertas entreabiertas con símbolos abstractos etc. No cabe duda de que el autor está haciendo aquí una llamada a la atención y a la observación profunda de su obra, puesto que su mera contemplación genera espontáneamente en el espectador hondas preguntas difícilmente expresables con el lenguaje. Son quizás estos últimos temas reiterativos los que presagian una nueva etapa de su desarrollo personal en el futuro inmediato, probablemente ligada al simbolismo, y en la cual la carga conceptual comienza cobrar protagonismo.

Dr. Antonio Grandío Botella.

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