Religión, Alcohol y Navidad.
Antonio Grandío Botella
Rosana Peris Pichastor

Volver

A nadie nos sorprende que se juzgue a la navidad como un rito consumista donde el sentido original, si es que algún día lo tuvo, se ha perdido. Hoy en día, para muchos de nosotros, la Navidad no pasa de ser unos días de abusos gastronómicos, alcohólicos y de consumo. Y aunque parte de ello es cierto, es también opinión de algunos que, en sus raíces más esenciales, la navidad cumple aún sus propósitos más importantes: los religiosos.

Para ciertos estudiosos, existe el convencimiento de que "Religión" viene del latín "religare", religar. Desde tal punto de vista, el cometido de toda religión es religar, hacer vivir la experiencia de reconciliar y unir al hombre con todo cuanto le rodea, sea ello con sus semejantes o sea el "ecologizar" su conciencia con el resto de la naturaleza y el universo. Siguiendo con tal argumento, el término oriental "Yoga" vendría a significar "yugo", unión, con lo que los términos Religión y Yoga serían casi sinónimos.

El hombre occidental ha sido educado para creer a pies juntillas que él es un "yo" separado y diferente de los demás, con objetivos, sentimientos y creencias distintas por cuya defensa debe luchar y competir en aras de evitar que otros le invadan o roben esta preciada "distinción". Simultáneamente, sin embargo, siempre ha habido algo que le empuja en sentido contrario, a sentirse unido y a parecerse a los demás en cierta medida.

Y para ello recurre a las creencias religiosas con sus valores implícitos, ritos, cultura, tradición, etc. así como al consumo en común de las drogas más diversas (en casi todo rito religioso popular existe algún tipo de droga) para conseguir una experiencia de unión, de "religación" con los demás más o menos duradera.

Y es en Navidad cuando esa necesidad de unión se manifiesta en su sentido más puro. Existen otro tipo de celebraciones con una amplitud más estrecha: exaltaciones nacionalistas o religiosas donde suele existir un mayor o menor contenido reivindicativo y en las que, además, se da un enemigo contra el que hacerlo. Pero en navidad parece como si el espíritu mundial de buena voluntad, superficial u hondo, campee más a sus anchas en ausencia de enemigos reales o supuestos.

Queda toda la parafernalia del alcohol y los turrones. Para Jung el alcoholismo era un forma de búsqueda espiritual. Este autor decía que, además de la represión del sexo subconsciente, existía también la represión de lo supraconsciente, de la trascendencia, de lo que es más grande, bello e intenso que uno mismo, que él identificó con el impulso religioso. Tanto el sexo como la experiencia religiosa, estética (de contemplación de una bella puesta de sol, o una obra de arte) nos "religa" momentáneamente con lo que está más allá de nosotros mismos. Sentimos una energía mucho más potente que la que utilizamos diariamente en nuestras "burguesas" vidas normales. Pero cuando estas experiencias escasean o no existen normalmente en nuestras vidas, sea tanto por la represión de lo primero como de lo segundo, ello provoca la búsqueda de tal tipo de experiencia por otro tipo de caminos. De modo que una escasez de trascendencia provocaría un exceso de sexo y de consumo de alcohol.

Entre otras cosas el alcohol, y aunque sea haciéndonos pagar un alto precio, hace sentirnos más cerca los unos de los otros, más abiertos y confiados, más amigos, más amantes, etc. Nadie duda de que su uso, y mucho menos su abuso, no es solución de nada a largo plazo, pero valga como testigo del hecho de que nunca las tendencias básicas del ser humano pudieron ser erradicadas por nadie. Y una de ellas parece ser la religiosa en el sentido que aquí le estamos dando.

Asimismo, el comer en exceso va siempre acompañado de otros excesos de compañía de aquellos con los que, el resto del año, no hemos podido o querido departir demasiado frecuentemente.

En cuanto al consumismo, verdadero emblema navideño, cabe destacar que la mayoría del gasto es realizado en regalos a los demás. Estos suponen un símbolo de afecto y consideración en una época donde lo material encarna a casi todos los demás valores. En el intercambio de regalos existe una renovación tácita o explícita del puesto que cada uno ocupa en la compleja red social de relaciones y el que ocupamos en la mente y corazón de los demás.

Sin embargo, y como decíamos al principio, algo se ha perdido o algo no se ha encontrado aún en la navidad. Existe la creencia común en la mayoría de las culturas, razas y religiones del mundo, de que existe una especie de gran depósito de bondad, de energía de amor que, cada cierto tiempo, se manifiesta en la tierra mediante un cuerpo humano. Este cuerpo ha sido llamado Cristo, Iman Madhi, Boddisattwa, El Maitreya, Krishna, etc. y es descrito en todas ellas como una especie de avanzadilla hacia la que toda la humanidad avanza evolutivamente hablando, lo quiera, lo sienta, lo crea o no. En nuestra cultura, tal vivencia propia de unidad ha sido descrita como "la Comunión de los Santos", en alusión a las características de conciencia de quien ha llegado a una experiencia de "religión" permanente, de unión sagrada con toda la creación. Cuentan que la navidad no tiene crepúsculo en el corazón de tales seres.

Volver