Sintonía y Holografía: comparando teorías.
Antonio Grandío.

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Extracto de un mail a Pablo Navarro.

Querido Pablo:

Siento mucho haber tardado en contestarte. Por un lado, he tenido multitud de ocupaciones urgentes, por otro quería leer algo más de tus temas para asegurarme de que entendía correctamente lo que me decías. Vamos allá.

Como me ha parecido captar, el viejo problema de la dualidad mente-cuerpo vuelve a estar vigente. Coincido contigo en su importancia central. La sintonía que propongo aceptaría dos modos de abordarla: la, digamos, hipótesis "débil" y la "fuerte". La primera supondría contemplarla como una metáfora útil para explicar ciertos fenómenos de la realidad social. Casi toda Ciencia Social ha hecho esto siempre: importar modelos y paradigmas de las Ciencias llamadas Naturales. La Economía es un ejemplo conspicuo con su Teoría del Equilibrio clonada desde la Termodinámica clásica. La segunda, creo, implica un "giro copernicano" en nuestra mente occidental. Es la que realmente sugiero.

Mente-Materia, opino, no es sino un continuo de complejidad. Como bien sugieres (cuando utilizas el término ultra-holográfico), hay saltos, digamos, cuánticos porque la discontinuidad es también constitutiva del mundo desde sus niveles más la materia a niveles subatómicos. El concepto de Sincronicidad de Jung elaborado junto al físico Pauli (su famoso principio de exclusión) puede ser útil aquí. También coincido contigo en que estos órdenes de complejidad operan plegándose sobre sí mismos (generativo-emergente). Es Bohm quien sugiere concebir la realidad como una continua imbricación de órdenes plegados (implicados) y desplegados (explicados) anidados los unos en los otros y carentes (la mayoría de ellos) de espacialidad y temporalidad (recordemos sus "variables ocultas no locales" y que el espacio-tiempo no es, quizás, sino el grado extremo de "despliegue").

El lenguaje nos engaña desde el principio cuando planteamos, quizás, un falso problema con lo de "materializar la sintonía". Cuando hablamos de "reificar", "cosificar" algo, probablemente nos referimos a esa estabilización de patrones de interferencia. Pero, ¡es que partimos desde tal estabilidad! "Realidad" viene de ahí, el inglés ha hecho sinónimos materia e importancia (matter). Nuestro lenguaje (el científico incluido) es esclavo también de este "pecado original". Con un código "estable", de "cosas", construímos edificios de ladrillos o conceptos. Mas ¿que hay en el otro lado? ¿existe un modo no conceptual-representativo-estable de percibir la vida? Los budistas afirmaban que el deseo (intención) era el origen de la ilusión. Tras el deseo, la intención o la voluntad, de modo endógeno y dependiente, viene la representación (como Schopenhauer afirmaba) que, si no estoy totalmente despistado, guarda estrecho parecido con tu "estructura disipativa intencional" en el momento en que contemplamos el fenómeno de modo colectivo: las distintas representaciones individuales jugando en complejos rizos fractales que definirían lo social. Tal sería el origen de la opacidad social. En otras palabras más mías: la opacidad tiene su origen en la dinámica dialéctica existente entre el ego y la sociedad, esa labor espuria del Sísifo que tu nombras siempre traicionada (y en grado creciente cuanto más profundidad pretendemos) cuando intentamos sondear un eventual universo fractal cuya naturaleza es densa hasta el infinito.

Mi opción epistemológica de partida es que todo lo anterior no es sino un epifenómeno (si no un caso particular) de campos de complejidad mayores donde la dualidad sujeto-objeto, ego-sociedad, mente-materia carece de sentido. Tales campos serían accesibles a nuestra conciencia mediante lo que llamo Sintonía Total. No hablo sólo de un "estado de conciencia" superior sino también de una "conciencia sin estado", no "ego" o "socio" centrada. Es pues, meta-psicológica, meta-social y, obviamente, meta-económico-utilitarista. Es, como la describe Wilber, ampliando a Habermas, "paradójico-mandálico-soteriológica". Tal paradoja, empero, solo existe "a posteriori", cuando la sintonía total cesa y la representación emerge en una zona intermedia (y, ciertamente, creativa) de "inestabilidad limitada" que yo denomino de "sintonía parcial". El corolario obvio es que la autorreferencia produce "desintonización creciente" (el fenómeno llamado ego es una completa desintonización). Y esta desintonización es la responsable directa de la emergencia de esa "pantalla" cognitiva, del binomio ego-sociedad (el mundo del constructivismo social, de las culturas) y de la importancia creciente de lo que tu llamas DIV's.

Sin embargo nuestro momento filogenético global, como especie, es el que denomino "estadio representativo" con su mente hermenéutica (tengo una teoría evolutiva de 7 tipos de mente que empiezan por "h"). Pienso que hay dos estadios "superiores": el sistémico (propio del "genuino científico" y su mente heurística) y el complejo (propio del "genuino filósofo" y su mente hermética).

Esto implica ir algo más lejos de, por ejemplo, la teoría autopoiética. No he leído demasiado a Maturana y Varela, pero me impactó la férrea defensa que este último hacía de algo similar a la "sintonía total" en unos vídeos donde varios científicos discutían con Krishnamurti. Además, también me gusta distinguir entre complicación y complejidad. Lo complicado a un nivel es sencillo cuando lo contemplamos desde niveles más complejos. Me gusta la definición de Schumpeter cuando dice que el motor de toda economía es el fenómeno de la "destrucción creativa" articulada por la figura del empresario (un empresario, claro, bastante ideal). Así que, ir más lejos de la autopoiesis no es criticarla, sino dar un "salto cuántico" sobre ella para darse cuenta de que el final "lógico" del "image making" socio-individual es una nueva estructura disipativa de final abierto mucho más diáfana y elegante (en el sentido de la navaja de Ockham), aunque con mayor densidad semántica.

No creo que, exactamente, lo que se de sea "unas conciencias mutuamente transparentes". La defensa que haces, siguiendo a Ibáñez, del grupo de discusión como metodología alternativa a la estadística clásica, me parece extremadamente interesante. Porque lo que allí acontece es, a mi entender, algo distinto a "varias almas desnudas" o "sin tapujos". Es de un orden de complejidad mayor, una especie de conciencia, no colectiva (esta se da, al estilo Durkheim, en cualquier acto cultural), sino, digamos, "unitiva" (me gusta decir que la comunicación se transmuta en comunión). En su "teoría" sobre el diálogo, Bohm (inspirado en Krishnamurti) utiliza la metáfora de la superconductividad de los metales a muy baja temperatura donde desaparece la resistencia (yo diría en lo social: opacidad) al flujo de corriente eléctrica a tal punto que, una vez desconectada la corriente, esta sigue fluyendo "espontáneamente". Los psicólogos de la Gestalt hablaban del "ajá", el "insight", los constructivistas (Moscovici) "cambio de punto de anclaje". Yo lo asimilo a la Atención. La atención tiene, a mi parecer y de modo absoluto y radical, un estatus ontológicamente distinto al del pensamiento (con todas sus connotaciones emocio-representacionales y autopoiéticas). Así, supone una discontinuidad fundamental respecto a este ultimo en cuanto a complejidad: la atención es negantrópica respecto al pensamiento. Cuando uno piensa, no atiende y viceversa. En resumen, el fenómeno psico-social es un fenómeno complejo creativamente opaco (etimológicamente: sombrío, oscuro, tenebroso) en su misma naturaleza. Lo psico-social podría asimilarse al fenómeno de la fricción en física o de la resistencia electrica de los metales. Tener una "gran personalidad" (persona viene de máscara) o una "gran identidad nacional, académica o profesional" sería así como tener un alto grado de "ohmios", de resistencia y fricción al paso del flujo sintónico de la atención (la atención disuelve fenomenológicamente el ego).

Perdona la extensión (me he entusiasmado un poquito). Espero haber captado lo mínimamente básico de tu punto de vista. En caso contrario perdóname y, por favor, señálamelo. La famosa inconmensurabilidad de Kuhn hace que cosas triviales para un colectivo académico, sean fundamentales para otros. Sin embargo, siento que entramos en una era no ya de inter, sino de transdisciplinariedad inevitable. Yo voy a seguir leyéndote y voy a introducir alguno de tus escritos en mi curso de doctorado porque me parecen vitales. En Organización de Empresas, donde estoy, necesito personas de este país que "sintonicen" con esto porque, la verdad, creo que estamos "desintonizados" con el exterior.

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Un abrazo.

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